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Coluna de

Los retos de España para el 2010
Al parecer, en España estrenamos 2010 con el mismo tipo de noticias que terminamos 2009 dando coletazos.

Asumimos como país la primera presidencia de la Unión Europea, desde la puesta en marcha del Tratado de Lisboa. Le toca a José Luis Rodríguez Zapatero poner a punto el mayor proyecto geopolítico y económico del siglo XXI en el viejo continente. Y a ello tendrá que sumar los retos de España como nación.

Si tuviera que definir lo que ha sido el 2009 para España, en un análisis global, diría que una consecución de errores en el ámbito diplomático para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero; una continua fiesta en celebraciones de triunfos deportivos conseguidos tanto por deportistas de élite en disciplinas individuales, como en equipos; así como una escalofriante lista, que todavía no ha terminado de crecer, de trabajadores sin empleo, y familias completas embarcadas en una precariedad desconocida hasta ahora, debido a la crisis internacional que ha azotado este país como a pocos en Europa.

La mayor parte de las noticias que ocuparon los telediarios y prensa escrita en los últimos doce meses, eran sobre estos tres temas de uno u otro modo: los triunfos de las selecciones de fútbol y baloncesto, Rafael Nadal, Alberto Contador, Jorge Lorenzo, se entremezclaban con los nombres de las multinacionales o medianas empresas que iban dando un aldabonazo en las narices de sus empleados, sin mencionar los miles de pequeños negocios que han tenido que cerrar ante la insostenibilidad de sus gastos. La drástica caída de ventas de coches o de viviendas, dos de los principales indicadores de crecimiento económico, han demostrado la profundidad de una crisis mal disimulada por un gobierno que se empeñó, durante mucho tiempo, en negar una evidencia que hacía aguas en los sistemas financieros de las grandes potencias internacionales y arrastraba consigo, como endebles fichas de dominó, al resto de países en una caída libre con pocos precedentes.

La estructura laboral en España ha cambiado de forma drástica, y la forma de crear empresas y pequeños negocios también. Al menos en Madrid, a la vista está que casi en cada negocio familiar, “de toda la vida”, que ha cerrado, se erige ahora una tienda o pequeño ultramarinos con dueños de procedencia asiática. Sólo por comentar lo que se ve desde la superficie. El gigante se hace fuerte en España, como en el resto del mundo. Silenciosamente.

Abundaron titulares sobre las decisiones tan desacertadas en crisis como las del pesquero “Alakrana” secuestrado en Somalia por piratas, o la huelga de hambre de Aminatu Haidar, que puso en jaque, en apenas unas semanas, las relaciones diplomáticas siempre frágiles entre España y Marruecos, y volvió a traernos a la memoria las reivindicaciones del pueblo Saharaui, desprotegido y abandonado en medio de la nada entre dunas y cielo. El caso Haidar fue de los acontecimientos más sorprendentes: una mujer, con su frágil cuerpo como escudo y su negación a comer como bandera, reclamando de forma pacífica, sin soflamas beligerantes ni bombas atadas a su cuerpo para volar aviones, la injusticia en la que viven miles de seres humanos que llevan décadas reclamando un territorio que les pertenece por derecho.

Una mujer, convocando la paz y removiendo conciencias desde la sala de un aeropuerto español. Ella sola, devolviendo a millones de personas la esperanza de cambiar el orden de las cosas, en voz baja, con la contundencia de los hechos.

Ahí estaban internet y las redes sociales, una vez más, dando fe de lo poderoso que puede ser la unión silenciosa que se gesta, cada vez con más frecuencia, delante de una pantalla de ordenador. ¿Será que la próxima gran revolución se gestará y dirigirá desde uno de estos portales de redes sociales globales?

Los españoles despedimos el año con la advertencia del Ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, sobre el hecho de que la banda terrorista ETA esté preparando un atentado de consecuencias funestas o un secuestro, aprovechando la presidencia de España de la Unión Europea y el eco internacional que tendría un atentado con sangre o el secuestro de una personalidad con repercusión internacional.

Tuvimos que asistir, además, al desfile por comisarias y juzgados de políticos involucrados escándalos de corrupción, negocios ilícitos, fraude y prevaricación. La clase política española tuvo un año nada ejemplarizante y debería comenzar 2010 demostrando, al menos los partidos políticos, que los cargos no se ostentan para manejar el dinero de los contribuyentes y los recursos públicos en beneficio propio.

Murieron 55 mujeres a manos de sus parejas o exparejas, cifra más baja que en el año 2008, pero que no deja de ser espeluznante teniendo en cuenta que el origen de estas muertes es la violencia de género. Es un dato positivo dentro del drama, que no deja de serlo.

En estas fiestas navideñas hubo, al menos, cuatro nuevas familias españolas que no tuvieron en sus mesas a uno de sus miembros. Alicia Gámez, Roque Pascual y Albert Vilalta fueron secuestrados por miembros de Al Qaeda, el 29 de noviembre, en una carretera de Mauritania. Viajaban dentro de una caravana que recorrería algunos países africanos repartiendo la ayuda solidaria procedente de varias Organizaciones No Gubernamentales(ONG) españolas.

Son miembros de una ONG catalana. Hace pocos días se conocía que Albert Vilalta está herido quizás desde el día del secuestro, aunque en buenas condiciones. Las negociaciones corren a cargo del rebelde tuareg Iyad Ag Ghali y, de momento, no hay noticias certeras ni fotos ni reivindicaciones por parte de Al Qaeda. El Ejecutivo español permanece en silencio después del escándalo por la desastrosa gestión del “Alakrana”

El otro español que duerme encerrado, en una celda danesa, es el Director de Greenpeace España, Juan López Uralde, detenido el 17 de diciembre en Copenhague, por infiltrarse en la cena que la Reina Margarita II ofreció a los jefes de Estado presentes en la Cumbre del Clima (debería llamarla “Sima del Clima”?). Uralde desplegó una pancarta en la que se podía leer “Los políticos hablan, los líderes actúan” y aquello debió de molestar tanto y tantos se debieron de sentir tan aludidos, que el dirigente ecologista sigue a día de hoy retenido en una cárcel danesa con apenas comunicación con sus abogados y personal de la embajada española en el país europeo.

Dos casos para tomar el pulso del gobierno español en 2010 en la gestión de crisis de este tipo, teniendo quizás que negociar esta vez, no con piratas somalíes, sino con terroristas de Al Qaeda, por un lado y por otro haciendo equilibrios con los criterios jurídicos de un Estado de la Unión, como es Dinamarca. No deberían repetirse los errores de 2009, señores ministros y diplomáticos.

En 2010 parar la sangría del aumento del desempleo que, según todas las instituciones europeas, seguirá creciendo durante los próximos meses, se ha marcado como el objetivo prioritario del Presidente del Gobierno. Estrenamos el año preguntándonos si los augurios de los expertos económicos se harán realidad y España será el último país de la Unión en salir de la crisis y el último, también, en invertir la tendencia y crear empleo.

Al mismo tiempo, debería cambiar la estructura de manera radical para que una crisis como la que hemos sufrido no vuelva a hacer tanto daño al tejido productivo e industrial del país, ni a los ciudadanos.

La agenda apretadísima que tendrá el Ejecutivo español con su presidente a la cabeza, por la mencionada presidencia europea, cuenta con decenas de reuniones, cumbres y encuentros dentro de territorio español, así como en las sedes institucionales de la Unión. Dudamos de la eficacia de la mayoría de dichas reuniones.

Nos gustaría ver que volverá a ser un año en el que se actúa con contundencia contra la banda terrorista ETA, con todos los instrumentos de las fuerzas de seguridad y el Estado de Derecho españoles.

Hay un sueño que todos los españoles comparten en 2010: ganar el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Con permiso de Brasil, claro, que nos arrebató la celebración de las Olimpiadas de 2016. Dejadnos soñar hermanos. ¡Y ganar!

*Deglis María Yero Labrada, corresponsal de Patria Latina en Madrid

Postado em 05/01/2010 ás 03:07

Os muros de nossa vergonha
Hace veinte años, una noche desapacible y fría, según cuentan las crónicas de la época, se gestó el principio del fin de una de las mayores vnnhaergüenzas del siglo XX: cayó el muro que había dividido durante décadas a

Alemania en dos mitades, a Berlín en dos trozos y a los habitantes de uno de los países más desarrollados del mundo en mil pedazos.
Para celebrar tal acontecimiento, algunos de los personajes políticamente más influyentes de la tierra en aquel tiempo y este, tales como Henry Kissinger, Mijail Gorvachov, Dimitri Medvedev, Gordon Brown, Nicolás Sarcozy, Angela Merkel, Hillary Clinton, los Jefes de Estado y Presidentes de los 27 países miembros de la Unión Europea se dan cita en Berlín, con traca y fuegos artificiales por medio, para recordar lo que fue y no debió ser nunca, lo que terminó mucho más tarde de lo que tenía que haber terminado.

Han pasado veinte años, y, según se mire, podría ser que Gardel tuviera razón en su tango inmortal y no sean nada. Los berlineses derribaron pacíficamente, aquella noche del 9 de noviembre de 1989, el muro que dividía su ciudad, su país e incluso, y lo que fue todavía más horrible, la contraposición que supuso las dos formas de ver el mundo que se instauraron en ambos lados: el comunista en el lado de la República Democrática de Alemania y el capitalista en la República Federal de Alemania. Y las diferencias que ello supuso y supone todavía hoy, cuando las dos orillas de la ciudad y el país deberían disfrutar de los mismos derechos y privilegios. Otro sueño por alcanzar.

No puedo evitar que cierta vergüenza cargada de rabia me recorra por dentro, mientras escucho y miro los actos de celebración por tal acontecimiento. El pueblo alemán está en todo su derecho y se merece festejarlo hasta el agotamiento, dado que fue quien decidió ganar esa “guerra” con sus propias manos, empuñando martillos y barras de hierro, que poco a poco fueron derrumbando aquel muro ante el que tantos sueños se rompieron y millones de almas se desangraron silenciosamente, esperando ver a los que habían quedado al otro lado. Mi incómoda irritación es por los jefes de Estado que allí se van a juntar hoy orgullosos de conmemorar semejante aniversario.

Y digo vergüenza, aunque también podría decir indignación. Porque la fiesta de hoy me recuerda que existen en el mundo muros parecidos al que separó a Alemania durante casi tres décadas, y no entiendo, perdonen ustedes mi ingenuidad, que esos dirigentes mundiales tengan mucho que celebrar sabiendo de tales abominaciones. La foto en la que posen todos ellos, sonrientes y satisfechos, será una foto de la vergüenza también. ¿Alcanzan a imaginar lo que habrá costado a todos esos países mover a sus dirigentes hasta Alemania a tales festejos? En plena crisis mundial. Por qué no ponen el mismo empeño en causas más loables y menos gratificantes. Por qué no conducen todas esas energías a derribar muros que todavía existen, reforzados por la indiferencia de unos y el taimado silencio de otros, o la poca voluntad de que se cierren tales conflictos de la mayoría. Hacen falta fuerzas colectivas como las que se han juntado estos días en Alemania, no tanto para celebrar cosas que se han conseguido, como para hacer caer tantos muros que nos deberían hacer sentir miserables a la mayoría de los seres humanos.

El número de ejemplos que puedo ponerles ahora llegaría a ser escandaloso, pero me detendré sólo en algunos. Comienzo por el más sangrante, flagrante y vergonzoso muro que existe: el que Israel lleva años levantando para cercar y ahogar al pueblo palestino. ¿Por qué no aprovechan el acontecimiento al que están invitados tan prestigiosos y poderosos líderes mundiales para llegar, de una vez por todas, al acuerdo que exija a Israel dejar de masacrar impunemente a un pueblo cuyo delito primigenio fue soñar con un territorio donde sembrar sus casas, sus familias y sus vidas? Señores políticos, creo que si tan sólo recordasen este muro un día como hoy, se les helaría la sonrisa de la foto oficial.

Quién se acuerda del muro invisible que separa al pueblo saharaui del resto del mundo, aislados como están, en el desierto, sin apenas agua y comida para sobrevivir. Un pueblo que resiste gracias a la colaboración de otros países y organizaciones no gubernamentales. Alguien se atreve a exigir al rey marroquí, Mohamed VI, que de una vez por todas reconozca la independencia de esta gente que sólo quiere vivir en paz y en condiciones humanamente deseables.

Por qué no quitar, de una vez por todas, ese muro de agua y restricciones que ha hecho de Cuba una isla dentro de la isla que es. ¿A quién pedimos responsabilidades? Yo exigiría tanto a los de dentro como a los de fuera. Espero que en este caso no pase como en el de los alemanes que, como dijo alguien en su momento, cuando cayó el muro descubrieron las mayores mentiras del comunismo y las peores verdades del capitalismo.

A quién pedimos cuentas para romper los muros invisibles que dividieron a África en países donde las etnias que nunca se habían entendido en hermanos y los hermanos de una misma etnia en enemigos, cuando los poderoso se hicieron el último reparto del mundo que conocemos.

¿Quién dedica tantos esfuerzos comunes para estos conflictos? ¿Qué repercusión internacional tienen? ¿A quién beneficia silenciarlos y guardarlos en el baúl de las cosas olvidadas? ¿Por qué se dedica más esfuerzos ajuntarse para celebrar que para solucionar conflictos enquistados?

¿Y qué pasa con nuestros muros, los que cada uno de nosotros lleva dentro? Esos que a veces ni siquiera sabemos que están ahí, muy dentro, instalados con la misma fuerza que el hormigón que otros emplean en que no caigan los tangibles como el de Cisjordania. Creo, sin temor a equivocarme, que a veces nuestros propios muros interiores son tan o más peligrosos que los exteriores, con los que, si no nos afectan geográfica o personalmente, lamentablemente no nos sentimos identificados.

Quizás no sea demasiado tarde para empezar, cual hormiguitas laboriosas, a desprender ladrillo a ladrillo esos muros que se levantan dentro de cada uno con tal vigor, que a veces no nos dejan siquiera ver las flores que crecen en nuestros jardines. Pongámonos a ello, porque las grandes acciones comienzan por las pequeñitas, esas que apenas se ven y requieren que nos ocupemos de nosotros mismos. Ahí es donde reside el secreto del cambio. Destruyamos, pacífica y razonablemente, los muros que nos mantienen atrapados en la desidia y el conformismo, en la comodidad de no hacer nada o esperar a que sean otros quienes lo hagan.

Tomemos el ejemplo de los alemanes que hace veinte años decidieron no esperar a que viniera alguien a enseñarles como destruir su propio muro de la vergüenza, sin sangre ni exterminio, sin injusticias adicionales a las que la pared de cemento ya había sembrado en todos ellos y en sus vidas.

Hagámoslo, sino por nosotros, al menos por nuestros hijos, para quienes deberíamos dejar un mundo en el que se sientan, ellos al menos, orgullosos de vivir.

Por Deglis Yero Labrada, corresponsal en Madrid de Patria Latina. 9 de noviembre de 2009

Postado em 09/11/2009 ás 17:05

En nombre de la inocencia
La globalización y la democratización de internet nos regalan milagros. Sólo a veces. Mi amiga Kenia Herrera, cubana y periodista como yo, vive desde hace unos años en Nicaragua junto a su marido y sus dos niñas. Esta semana nos ha comunicado en Facebook, la famosa red social en la que tantos nos hemos reencontrado, y a través de la que nos comunicamos estemos donde estemos, que su pequeña hija Andrea Victoria se ha cortado su larga melena.
La noticia, a primera vista, podría ser el comentario de cualquier madre orgullosa de su prole. Las fotos nos sorprendieron a todos. Andrea Victoria aparece en ellas con su melena que se pierde en su cuerpecito menudo, por debajo de la espalda. En otra foto son sus dos coletas peinadas cuidadosamente y atadas a la altura de su nuca las protagonistas. En la siguiente, la niña coge en cada mano sus coletas ya cortadas y sonríe, feliz y satisfecha, ante la cámara. Se había dejado crecer el pelo con un fin concreto y altruista, consciente de lo que hacía: donar 10 gramos de su melena a la organización norteamericana sin ánimo de lucro “Locks of love”, una Organización No Gubernamental (ONG) que se dedica a fabricar pelucas de cabello natural para niños sin recursos, menores de 18 años, de Estados Unidos y Canadá, que hayan perdido el pelo como consecuencia de cáncer o calvicie prematura por cualquier otra enfermedad diagnosticada.
Evidentemente, todos los amigos de Kenia la hemos felicitado con admiración por su gesto, y sobre todo por el de Andrea Victoria, su hija que, con menos de 10 años, ya sabe del dolor y las carencias de otros, y de lo fácil que es dar felicidad sin apenas esfuerzos, o con muy pocos. Pensé en la educación que mi amiga y su marido ofrecen a dos niñas en uno de los países más pobres de América Latina. Y en la falta de educación que está inundando las escuelas, los parques y muchos hogares españoles y de países desarrollados. El fenómeno no parece que sea local. Qué infancias tan diferentes las de uno y otro lado del Atlántico. Y aquí es justo no generalizar, pero, señores lectores, díganme a cuantos padres conocen que dediquen tiempo, esmero, ilusión y ganas a alimentar unos valores tan admirables en sus hijos, como el que se desprende de lo que le he descrito, anteponiéndolo a sus proyectos profesionales u otro tipo de obligaciones y metas.
Es un gesto hermoso que me ha hecho recordar, al mismo tiempo, otras historias que estas últimas semanas han tenido como protagonistas a otros niños con sus padres, y a la globalización como medio para dar a conocer todo tipo de acontecimientos, acallando los que de verdad merecen la pena para ser contados.
Pongamos por caso, el del niño norteamericano de seis años que, se suponía, viajaba accidentalmente en un globo, fabricado por su padre, en el patio de su casa. Mantuvo en vilo durante varias horas a todo el país, a través de algunas cadenas de televisión y páginas de internet. En España la noticia abrió los telediarios más importante del día y de las principales cadenas nacionales de radio. Todos creímos la historia y temimos por la vida de la criatura que, según parecía, recorría sin rumbo fijo, dentro un artefacto casero lleno de aire, más de 100 kilómetros con no muy buenas previsiones.
Era mentira. El globo se fue deshinchando en el cielo y aterrizó, con el capazo vacío, en medio de la conmoción general que para entonces había traspasado las fronteras territoriales y, al menos, un océano, contagiando la incertidumbre y angustia a medio mundo. ¿Dónde había quedado el pequeño? ¿Se había perdido en el trayecto del globo o no había subido a él? F. H. estaba escondido en una caja en el garaje de su casa.
Sus padres lo sabían. Engañaron a todo un país y a sus autoridades. Habían participado en un reality show y no se les ocurrió otra cosa, para hacerse publicidad gratuita, que inventarse una historia tan cruel como verosímil. Y es aquí donde la globalización en el mundo de la comunicación hace que nos sintamos ridículos, manipulados de cualquier manera y enfermos de algo difícil de diagnosticar. Cómo se explica que la inocencia infantil se rompa por los mismos progenitores de los que la sociedad espera que eduquen a sus hijos en base a unos principios de justicia, generosidad y coherencia que, en el caso de F.H. quedaron distorsionados cuando el globo lleno de helio tocó la tierra sin él dentro. Sus padres mintieron y la lección que aprenderá el niño es que en la vida, o por lo menos en la suya, todo vale con tal de tener cinco minutos de gloria. Qué pena, y qué vergüenza, que no haya un adulto con sentido común cerca para explicarle lo contrario. Sus padres han demostrado con creces que no son las personas más indicadas para hacerlo. Indignante.
Porque el mundo está lleno de mentiras, violencia, injusticias y desmanes, contados a todas horas con lujo de detalles, y por el poco espacio que se da en los medios de comunicación a historias como esta, utilizo hoy mi columna para felicitar a la ONG “Locks of love”, de la que no conocía su existencia, y a todas las organizaciones sin ánimo de lucro que se dedican a llenar de ilusiones renovadas los hogares y hospitales donde niños enfermos aguardan un rayo de esperanza que les haga soñar. A mi amiga y su marido como padres y, sobre todo, a la pequeña Andrea Victoria. Y a todos los que como ella han donado su cabello para que otros niños luzcan una sonrisa y refuercen su autoestima, se sientan libres e iguales a los demás niños y puedan incorporarse a la sociedad después de pasar por infiernos de hospitales y enfermedades. ¡Que se contagie el gesto de Andrea Victoria, por favor!
¿Hay algo más enriquecedor que alimentar una esperanza? Merece la pena si se dibuja en la sonrisa de un niño. Mucho más en la de un niño enfermo. Nuestra felicidad es posible, si llenamos nuestras vidas de esos pequeños gestos que nos engrandecen por dentro.

Por: Deglis Yero Labrada. Madrid, 23 de octubre de 2009

Postado em 26/10/2009 ás 22:16

Barack Hussein Obama, el hombre de paz.
Barack Hussein Obama es el flamante Premio Nobel de la Paz 2009. Sí, señores lectores. El hombre que lleva ejerciendo desde hace menos de un año el cargo de presidente del estado más poderoso de la Tierra, los Estados Unidos de América, acaba de ser condecorada por la academia noruega.

Y con la noticia, llamativa por sí sola, no sé si se volverá a polemizar sobre la conveniencia o justicia de los envidiados y aclamados premios. Puede que sea políticamente incorrecto hablar del tema, por tratarse de alguien que, allá donde va, levanta pasiones y arrasa. Pero merece la pena, al menos en esta columna, detenernos a mirar más allá de los parabienes.

Vaya por delante que admiro a Obama. Cuando comenzó el período electoral americano en 2008 pensé, como siempre que allí tiene lugar la elección a presidente, que a esos comicios deberíamos estar convocados todos, por la repercusión que tiene en la vida de cada ciudadano del mundo quien gobierna en la Casa Blanca. Así que, como casi toda la izquierda europea, yo también habría votado por él.

Siendo así, en lo primero que pensé cuando leí la noticia en un diario digital español, fue en la exitosa operación de marketing que el jurado de los Nobel acaba de realizar con el nombramiento de Obama. Un día antes en los medios españoles todos parecían desconcertados ante el nombramiento de una desconocida escritora rumano-germana, Herta Müller, obtuviera el premio Nobel de Literatura 2009.

El mismo presidente americano se apresuraba ayer a decir, en su comparecencia ante los medios de comunicación, para agradecer el premio, que no se sentía digno de estar a la altura de otros premiados en años anteriores y, por tanto, entendía dicho nombramiento como un acicate para su manera de entender el mundo y de administrar y gobernar los deseos del estado más poderoso de la tierra. Parecía sorprendido, honesto, cosa que le honra.

Y es que este hombre, entre tanta alabanza desde que sus votantes le colocaron en la historia de la democracia como el primer presidente negro, la crisis internacional económica y financiera de las grandes potencias que arrastró a los demás países, tanta polémica entre sus admiradores y detractores dentro y fuera de sus propias fronteras, por algunas de las medidas que quiere convertir en leyes y que pueden cambiar el futuro de los americanos (el seguro de sanidad universal sin ir más lejos), debería sentirse abrumado con la responsabilidad que dicho galardón le impone. No recuerdo que en las últimas décadas tantos millones de seres humanos, a la vez, hubiesen puesto su confianza en la misma persona. Y eso debe pesar mucho.

El Premio Nobel de la Paz ha sido, casi siempre, para hombres y mujeres con una trayectoria reconocida en defensa de los Derechos Humanos, su mediación en conflictos armados enquistados y cruentos, personas que han mantenido, además de una actitud intachable y una visión del mundo coherente y pacifista, una reconocible beligerancia ante las guerras, los horrores de la violencia de cualquier género, así como los esfuerzos personales de paz y justicia.

Hay casos excepcionalmente polémicos, como el del presidente de Palestina, Yasir Arafat, de quien una parte de la opinión pública internacional dijo que era un terrorista con un Nobel de la Paz en las manos. Fue memorable el entregado a la Madre Teresa de Calcuta, que pidió cancelar la cena de gala por considerarla fastuosa e innecesaria. Otros son y serán incontestables, como el de Nelson Mandela.

Barack Obama no sólo tendrá, el día que recoja la distinción, el premio Nobel de la Paz, sino también la responsabilidad de hacer méritos para ennoblecerlo en lo que le queda de legislatura y de vida. De momento todo lo que conocemos son sus intenciones, su gran actividad en foros internacionales para cambiar la perspectiva que tenemos todos de los Estados Unidos, después de los nefastos mandatos de George W. Bush Jr. El viraje de la política exterior y las prioridades que se ha marcado su gobierno nos dice mucho de cómo quiere él que se vea a su país. Necesitará muchos esfuerzos para conseguir que tan sólo alguna de sus ideas sobre cómo debería funcionar el mundo de ahora en adelante, se pongan en marcha.

La agenda del presidente tiene no pocos retos de difícil solución por los que, si consiguiera que al menos alguno de ellos saliera del nudo sin desenlace en que se encuentran, entonces sí que podríamos pensar en Obama como un hombre que no consiguió la paz y el equilibrio, eso sería demasiado pedirle, pero sí como un estadista al servicio de la humanidad y de su pacificación. Las guerras en Afganistán e Irak se encuentran en una encrucijada donde nadie sabe qué se podría hacer para ponerles fin sin seguir sacrificando tantas vidas inocentes y muertes inútiles. El conflicto entre Israel y Palestina está como siempre. El cada vez más evidente cambio climático avanza a pasos acelerados, mientras son pocos países los que hacen efectivas sus propias normas y apoyan a la comunidad internacional para llegar a acuerdos globales que nos permitan frenar el cambio, o al menos atenuarlo. La proliferación de armas nucleares en países que están al margen de los controladores internacionales pactados por una gran mayoría ha puesto en evidencia que nos encontramos a las puertas de, quizás, un conflicto nuclear de consecuencias incalculables. Lo juicios a los encarcelados, hasta hace poco, en la base militar americana en Guantánamo siguen pendientes, así como los que deberían ejecutarse contra los verdugos que les torturaron y vejaron sin contemplaciones.

Señor Obama, tiene usted tanto trabajo por delante que no sé si entender el Premio Nobel de la Paz que le han concedido como un galardón o un motivo más de presión hacia usted, teniendo en cuenta que hemos puesto en sus manos las pocas esperanzas que nos quedan, a muchos, de que este mundo en el que vivimos cambie de una vez por todas. Y de que pare tanto desequilibrio y tanta injusticia.

Puestos a soñar, yo también tengo un sueño: me haría feliz celebrar que Barack Hussein Obama pasara a la historia como el presidente americano que abolió la pena de muerte en todos los Estados Unidos de América. Estaría bien recordarle por eso.

Por: Deglis Yero Labrada. Madrid, 10 de octubre de 2009
Corresponsal de Pátria Latina en Espanha

Postado em 11/10/2009 ás 11:42

Barack Hussein Obama, el hombre de paz.
Barack Hussein Obama es el flamante Premio Nobel de la Paz 2009. Sí, señores lectores. El hombre que lleva ejerciendo desde hace menos de un año el cargo de presidente del estado más poderoso de la Tierra, los Estados Unidos de América, acaba de ser condecorada por la academia noruega.

Y con la noticia, llamativa por sí sola, no sé si se volverá a polemizar sobre la conveniencia o justicia de los envidiados y aclamados premios. Puede que sea políticamente incorrecto hablar del tema, por tratarse de alguien que, allá donde va, levanta pasiones y arrasa. Pero merece la pena, al menos en esta columna, detenernos a mirar más allá de los parabienes.

Vaya por delante que admiro a Obama. Cuando comenzó el período electoral americano en 2008 pensé, como siempre que allí tiene lugar la elección a presidente, que a esos comicios deberíamos estar convocados todos, por la repercusión que tiene en la vida de cada ciudadano del mundo quien gobierna en la Casa Blanca. Así que, como casi toda la izquierda europea, yo también habría votado por él.

Siendo así, en lo primero que pensé cuando leí la noticia en un diario digital español, fue en la exitosa operación de marketing que el jurado de los Nobel acaba de realizar con el nombramiento de Obama. Un día antes en los medios españoles todos parecían desconcertados ante el nombramiento de una desconocida escritora rumano-germana, Herta Müller, obtuviera el premio Nobel de Literatura 2009.

El mismo presidente americano se apresuraba ayer a decir, en su comparecencia ante los medios de comunicación, para agradecer el premio, que no se sentía digno de estar a la altura de otros premiados en años anteriores y, por tanto, entendía dicho nombramiento como un acicate para su manera de entender el mundo y de administrar y gobernar los deseos del estado más poderoso de la tierra. Parecía sorprendido, honesto, cosa que le honra.

Y es que este hombre, entre tanta alabanza desde que sus votantes le colocaron en la historia de la democracia como el primer presidente negro, la crisis internacional económica y financiera de las grandes potencias que arrastró a los demás países, tanta polémica entre sus admiradores y detractores dentro y fuera de sus propias fronteras, por algunas de las medidas que quiere convertir en leyes y que pueden cambiar el futuro de los americanos (el seguro de sanidad universal sin ir más lejos), debería sentirse abrumado con la responsabilidad que dicho galardón le impone. No recuerdo que en las últimas décadas tantos millones de seres humanos, a la vez, hubiesen puesto su confianza en la misma persona. Y eso debe pesar mucho.

El Premio Nobel de la Paz ha sido, casi siempre, para hombres y mujeres con una trayectoria reconocida en defensa de los Derechos Humanos, su mediación en conflictos armados enquistados y cruentos, personas que han mantenido, además de una actitud intachable y una visión del mundo coherente y pacifista, una reconocible beligerancia ante las guerras, los horrores de la violencia de cualquier género, así como los esfuerzos personales de paz y justicia.

Hay casos excepcionalmente polémicos, como el del presidente de Palestina, Yasir Arafat, de quien una parte de la opinión pública internacional dijo que era un terrorista con un Nobel de la Paz en las manos. Fue memorable el entregado a la Madre Teresa de Calcuta, que pidió cancelar la cena de gala por considerarla fastuosa e innecesaria. Otros son y serán incontestables, como el de Nelson Mandela.

Barack Obama no sólo tendrá, el día que recoja la distinción, el premio Nobel de la Paz, sino también la responsabilidad de hacer méritos para ennoblecerlo en lo que le queda de legislatura y de vida. De momento todo lo que conocemos son sus intenciones, su gran actividad en foros internacionales para cambiar la perspectiva que tenemos todos de los Estados Unidos, después de los nefastos mandatos de George W. Bush Jr. El viraje de la política exterior y las prioridades que se ha marcado su gobierno nos dice mucho de cómo quiere él que se vea a su país. Necesitará muchos esfuerzos para conseguir que tan sólo alguna de sus ideas sobre cómo debería funcionar el mundo de ahora en adelante, se pongan en marcha.

La agenda del presidente tiene no pocos retos de difícil solución por los que, si consiguiera que al menos alguno de ellos saliera del nudo sin desenlace en que se encuentran, entonces sí que podríamos pensar en Obama como un hombre que no consiguió la paz y el equilibrio, eso sería demasiado pedirle, pero sí como un estadista al servicio de la humanidad y de su pacificación. Las guerras en Afganistán e Irak se encuentran en una encrucijada donde nadie sabe qué se podría hacer para ponerles fin sin seguir sacrificando tantas vidas inocentes y muertes inútiles. El conflicto entre Israel y Palestina está como siempre. El cada vez más evidente cambio climático avanza a pasos acelerados, mientras son pocos países los que hacen efectivas sus propias normas y apoyan a la comunidad internacional para llegar a acuerdos globales que nos permitan frenar el cambio, o al menos atenuarlo. La proliferación de armas nucleares en países que están al margen de los controladores internacionales pactados por una gran mayoría ha puesto en evidencia que nos encontramos a las puertas de, quizás, un conflicto nuclear de consecuencias incalculables. Lo juicios a los encarcelados, hasta hace poco, en la base militar americana en Guantánamo siguen pendientes, así como los que deberían ejecutarse contra los verdugos que les torturaron y vejaron sin contemplaciones.

Señor Obama, tiene usted tanto trabajo por delante que no sé si entender el Premio Nobel de la Paz que le han concedido como un galardón o un motivo más de presión hacia usted, teniendo en cuenta que hemos puesto en sus manos las pocas esperanzas que nos quedan, a muchos, de que este mundo en el que vivimos cambie de una vez por todas. Y de que pare tanto desequilibrio y tanta injusticia.

Puestos a soñar, yo también tengo un sueño: me haría feliz celebrar que Barack Hussein Obama pasara a la historia como el presidente americano que abolió la pena de muerte en todos los Estados Unidos de América. Estaría bien recordarle por eso.


Por: Deglis Yero Labrada. Madrid, 10 de octubre de 2009




¡GRACIAS RIO!

Se rompió el sueño. Cuando en el Bella Center, en la ciudad de Copenhague, se abrió el sobre que contenía el nombre de la ciudad ganadora de los Juegos Olímpicos de 2016, Madrid se paralizó. A esa hora ya eran millones de españoles los que permanecían atentos a sus pantallas de televisores, ordenadores o escuchaban la radio en sus transistores, teléfonos móviles y coches. La sorpresa fue rotunda. No había una palabra sino tres: ¡Río de Janeiro! Cientos de miles de personas recibieron la noticia del fracaso en la plaza del Palacio de Oriente. Lo que hasta entonces había sido un día expectante, con fiesta y diversión, esperando casi seguros que esta vez las Olimpiadas serían para los españoles, no escondieron luego las lágrimas de frustración y tristeza. Habíamos perdido incluso a la tercera.

La ciudad carioca irrumpió, silenciosa, entre tres de las más grandes del mal llamado primer mundo, para decirles que aunque nadie contaba con ellos, ahí estaban, también, compitiendo por dar lo mejor de sí mismos como ciudadanos, gobernantes y un país entero empeñado en el sueño de décadas de un continente entero.

Atrás quedaron Chicago, primera eliminada, y la evidente favorita en todas las encuestas debido al “Efecto Obama”. En España se creía, de hecho, que la lucha final la protagonizarían la Ciudad del Viento y Madrid. Y el presidente más poderoso del mundo fue, sin embargo, el primero en abandonar, junto a su esposa y verdadero empuje de la campaña, Michelle Obama, la ciudad patrocinadora de la elección de la ciudad elegida.

Luego cayó Tokio, a la que de nada valió servirse de una poderosa campaña medioambiental y ecologista en sus construcciones y todas las infraestructuras de apoyo, para unos juegos en los que los japoneses no habían puesto demasiada ilusión.

Madrid se jugaba mucho más. Era la tercera vez que se presentaba y la segunda consecutivamente con el mismo equipo de gobierno de la ciudad. El alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, del que todos quisieron captar la imagen posterior al anuncio de su derrota, fue la persona más buscada e interrogada después de la amarga noticia.

En España, que la capital no saliera como ciudad organizadora se interpretará no sólo en clave económica o deportiva, sino también en clave política sobre el destino del excepcional alcalde al que muchos ven culminar su carrera en el Palacio de la Moncloa, ejerciendo de Presidente del Gobierno, en pocos años.

El caso es que, una vez más, los madrileños se quedaron con las ganas de ser los protagonistas de un evento de repercusión planetaria que impulsaría sin duda la proyección internacional de la capital del Reino de España. Pero otros ciudadanos, los más escépticos, nos alegramos profundamente de que las cargas que tendríamos que soportar con unos cuantos años más de obras inacabadas, ruidos infernales a cualquier hora del día y en cualquier parte de la ciudad, impuestos y precios de una gran cantidad de artículos que subirían para afrontar los gastos ingentes que generaría un movimiento de tal magnitud dentro de los límites metropolitanos, acabaran de una vez ahora que ya no hay motivos para tanto alarde. ¿O se atreverá el señor Galladón con otra intentona?
A Madrid se le rompió el sueño tan dulcemente acariciado una vez más.

Ahora queda decir GRACIAS RIO DE JANEIRO, por darnos la posibilidad no sólo de soñar, sino también de asegurarnos que ese sueño se haga realidad con la organización de unos Juegos Olímpicos en el continente sudamericano, que es noticia de primera plana en los medios internacionales de comunicación cuando suceden grandes catástrofes humanas, de guerras fratricidas entre hermanos y miserias compartidas por casi todos. ¡Gracias! Por la confianza que habéis tenido en quienes os han representado en la presentación y defensa de vuestra candidatura, y en especial en el presidente Lula Da Silva, quien se mostró auténtico y humano ante la noticia que seguro marcará uno de los mejores días de su vida, al menos de la política.

Gracias Río, porque ahora os toca a vosotros dar al mundo la verdadera imagen de un continente que además de miseria, desigualdades y desastres, encierra muchos valores, riqueza humana y condiciones para que el deporte se vea encumbrado a la cima del Olimpo de los dioses del valor y el esfuerzo desde una ciudad grandiosa, abierta, alegre y organizada. Una ciudad que, como confiamos todos los latinoamericanos, sepa estar a la altura de las circunstancias y diga al mundo con claridad “¡Nosotros también podemos!”
Gracias Río de Janeiro.

Por: Deglis Yero Labrada é corresponsal de Pátria Latina en Madrid, 8 de octubre de 2009.

Postado em 07/10/2009 ás 21:17

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